Pues sí. Anoche, dejándome arrastrar por una mezcla de curiosidad e influencias, finalmente me embarqué en la aventura de esta serie dirigida por Paul Scheuring y co-protagonizada por Wentworth Miller y Dominic Purcell. Y he de reconocerlo, me gustó.

Dominic Purcell -al fondo de la imagen- y Wentworth Miller encarnan a Lincoln Burrows y Michael Scofield

La trama gira en torno a la prisión Fox River, en el estado de Illinois. En ella transcurren las útimas semanas en la rutinaria vida del preso Lincoln Burrows en su camino hacia la silla eléctrica. Un turbulento caso de asesinato y un juicio marcado por pruebas falsas y presiones gubernamentales acaban con él entre rejas. Hasta ahí nada nuevo. Incluso, me atrevería a decir, todo bastante típico y con un considerable tufillo a película casposa de sábado por la tarde. Es a partir de este momento donde empieza la magia, donde lo que parece recalentado adquiere ese matiz llamado originalidad que convierte lo de siempre en algo distinto. Este giro argumental es consecuencia de la entrada en escena del hermano del acusado, Michael Scofield, quién confiando ciegamente en la inocencia de Burrows traza un plan extremadamente complejo para sacarle de la cárcel.

Los espectaculares tatuajes de Scofield contienen el plano de la Prisión

Pero, llegados aquí, rebobinemos. Algunos años atrás la Prisión de máxima seguridad Fox River, cercana a la ciudad de Chicago, sufría la necesidad de una completa reforma que afectaba a la totalidad del complejo. De ésta manera, y mediante una serie de consorcios, el proyecto acaba en manos de la empresa a la cual pertenece el Ingeniero de Estructuras Michael Scofield. Es alrededor de este hecho donde gira todo el enrevesado plan de huída. Cuando años más tarde su hermano es encerrado, Scofield, poseedor de todos los planos y con un conocimiento enormemente detallado de Fox River, comete un atraco a un Banco con la única intención de ser puesto entre rejas. La razón es sencilla: su plan se desarrollará desde dentro.

Así, con la única ayuda de su astucia e inteligencia para manejar cada situación y la particularidad de todo un plano encriptado de la Prisión tatuado en su torso, Scofield comienza su camino contrarreloj para salvar la vida de su hermano y la suya propia.

En un panorama como el que nos rodea en el que nos avasallan los ‘remakes’ y un contínuo e inagotable repertorio de adaptaciones -principalemente de comics- se agradece casi cualquier cosa que nos aporte algo nuevo, que nos deje ese regustillo de las historias bien pensadas y mejor hechas. Por esto mismo no se puede negar que Prison Break es, como poco, original, novedosa. Recupera esa esencia que debe exijírsele a toda serie: que provoque en el espectador un insaciable apetito de nuevos capítulos. Las carencias en su verosimilitud -importantes- están más que compensadas por su determinación, ritmo y desparpajo. Lo más intrigante es saber como los guionistas conducirán sin chocarse un argumento que huele a largometraje de 2 horas más que a teleserie de 10 temporadas. Abrochémonos los cinturones, escapar es sólo el comienzo.