Y por fin Amsterdam. Esta ciudad siempre me atrajo con enorme fuerza. Tiene encanto, tiene magia. Tiene un algo difícil de explicar que va mucho mas allá de sus canales y bicicletas. Situada a orillas del río Amstel y de la Bahía IJ, Amsterdam extiende sus innumerables canales de forma concéntrica para formar uno de los conjuntos históricos y arquitectónicos más hermosos de Europa. Desde la Centraal Station hasta Rembrandtpark, cada rincón de cada calle es una mezcla de pequeño pueblo y gran ciudad, de antigüedad y modernidad, como una obra de arte que mezclase múltiples estilos.

I amsterdam

I amsterdam y el Rijksmuseum, en Muntplein

Los contrastes en ella son más que evidentes. Tarea obligada e inevitable es recorrer Damrak hasta Damplatz y Rokin hasta Muntplein, sus arterias principales. Disfrutar de un paseo por Vondelpark y el Museumplein, en una de las zonas más maravillosas de la ciudad, te hace ver porque Amsterdam engancha, porque sus calles enamoran y fascinan a partes iguales. Navegar por sus canales y recorrer su archifamoso Barrio Rojo se antoja imprescindible para saborear tanto los matices dulces como los más salados de esta capital Europea que no deja indiferente a nadie. Y es que Amsterdam tiene algo.

Abril de 2008, finalmente, nos dió la oportunidad de descubrirlo. Nos embarcamos en nuestro pequeño tour por tierras holandesas y belgas con la ciudad de los tulipanes como principal reclamo. Y lo fué. Con permiso de Brugge, Amsterdam marcó el ritmo de un viaje inolvidable, probablemente irrepetible, difícilmente igualable. En él nacieron expresiones que todavía hoy están a la orden del día. En él aprendimos lo que es hacer el ridículo, lo peligrosas que pueden llegar a ser las sustancias alucinógenas o lo limpia que puede llegar a estar una superficie de cristal. En él conocimos la supervivencia a base de patatas con salsa, observamos perplejos como una persona puede llegar a dejarse una cantidad ingente de dinero al día únicamente en mear y nos hicimos una foto con el cartel de un niño nigger extremadamente feliz para, a posteriori, ser plagiados.

I love Amsterdam

I love Amsterdan, tienda en el corazón del Barrio Rojo

Pero no quedo ahí la cosa, créanme. En él experimentamos el sentimiento de ‘tener los dedos fríos cual termitas’, para seguidamente manipular la expresión hasta acabar pronunciando una cantidad respetable de veces la palabra polilla. En él llegamos a caminar bajo la lluvia como nunca antes, presenciamos mil y una maneras de dormir en un tren a los 10 segundos de partir de la estación e incluso fundamos el sentimiento backpacker. En él recorrimos ciudades hasta altas horas de la madrugada consiguiendo, de esta manera, ‘no tener nada que hacer el día siguiente’.

La mayoría de vosotros no habrá entendido nada de todo esto. Lo sé. Y lo siento. Pero todo esto es en realidad Amsterdam para mi. Todo esto es lo que recordaré con el paso del tiempo, cuando los años borren los canales y las bicicletas, cuando ya no recuerde con claridad esas calles y plazas de las que antes hablaba, cuando todo se difumine hasta convertirse en un vago recuerdo. Cuando eso ocurra, todos y cada uno de esos instantes serán Amsterdam.