Como ya adelanté en la entrada referente al LeftRightLeftRightLeft, último retoño de los británicos Coldplay, el pasado 4 de Septiembre fuí uno de los afortunados que asistió al único concierto de la banda en España. Concretamente en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona, con un aforo de casi 64 000 espectadores y con el Sold Out colgado en las taquillas desde el pasado mes de Enero. Es decir, muchas espectativas sobre Chris Martin y los suyos, acrecentadas, si cabe, por el anuncio de la grabación del concierto para el futuro DVD en directo del Viva la Vida Tour. Alicientes todos ellos previos al bautismo de los londinenses como nueva banda de estadio del panorama musical, al menos en lo que a nuestras fronteras se refiere.

Coldplay

Chris Martin durante la actuación de la banda en la Ciudad Condal

El espectáculo fué, digámoslo así, agridulce. Su calidad en vivo es a estas alturas indiscutible, al igual que su capacidad para mover masas a cualquiera de sus magnánimos shows. El carisma de Martin y la facilidad de la que hace gala para dominar el directo no dejan de sorprenderme gratamente. Pero igual de cierto fué que los problemas de sonido (que los hubo), aunque leves, lastraron un concierto que pudo haber sido impecable y se quedo en el intento. Las melodías de Coldplay suenan, si cabe, más grandiosas cuanto más grandioso es el recinto que las alberga. Y así lo demostraron cuando los miles de vatios preparados a tal efecto cumplieron a la perfección. Cuando no lo hicieron, únicamente pudieron aguantar el tipo y concluir la interpretación de turno. Así ocurrió en el primer minuto de concierto, tras el ya clásico Danubio Azul de Strauss y los acordes de Live in Technicolor, Violet Hill trajo el primer fallo y los primeros silvidos por parte de un público que no podía creer lo que veía. O lo que oía, más bien. El espectáculo transcurrió con relativa normalidad, grandes interpretaciones pero con un sonido que seguía resultando desalmado y poco acorde al marco incomparable que lo rodeaba.

Con el paso de los temas el concierto ganó como el buen vino. Las canciones enchufaban cada vez más al respetable y Coldplay recuperaba fuerza sobre el escenario. La puesta en escena de himnos como Yellow, Clocks o Viva la Vida se encargaban de ello. Uno de los más esperados de la noche, su grandioso Fix You, alcanzaba el punto culminante del show y ponía a la gente de pie con su espéctaculo final de fuegos artificiales. Se notaba en el ambiente que era uno de los directos más ansiados. Lost!, como no podía ser menos, la preciosa Strawberry Swing o el impecable directo de Lovers in Japan ratificaban que los problemas de audio estaban más que olvidados. Pero llegó Politik, una de las interpretaciones más increíbles de su Live 2003, y que en este caso volvía a dejar en evidencia graves problemas técnicos. Los altavoces del Olímpico de Montjuïc echaban nuevamente por tierra uno de los temas más desgarradores de la banda. Así llegamos al clásico amago de final de concierto, con la banda despidiéndose de un público que, por supuesto, no pensaba moverse de allí. Aún quedaban cosas en el tintero. A su retorno, y tras pedir disculpas por los mencionados problemas técnicos, Martin se mostró sobresaliente al piano interpretando The Scientist, una auténtica joya que pone los pelos de punta de quién la escucha. Death and all his friends -sublime- y Live in Technicolor II allanaron el camino para que The Escapist cerrara, fuegos artificiales incluidos, un concierto lleno de luces y sombras. Las luces brillaron más que nunca, a modo de impecables interpretaciones tarareadas por 64 000 gargantas -entre las que se encuentra la curiosa versión de Billie Jean como particular homenaje a Jackson- pero las sombras debilitaron un directo que pudo ser memorable -salvo el estropicio de God put a smile upon your face y Talk- y que, ciertamente, no lo fué.