0:48:30. Estas tres cifras representan mi primera marca oficial como runner, lograda el pasado 17 de Abril en los 10K de Madrid, prueba oficial de la Federación Española de Atletismo. Esta carrera supone la primera de la que espero sea una larga lista en un futuro no muy lejano. Desde que me picó el gusanillo del running tenía en mente vivir una experiencia de este tipo y en cuanto vi la posibilidad de estrenarme en un escenario como es el Maratón de Madrid y su hermano pequeño, los 10K, no lo dudé un sólo instante.

Diploma Oficial

El día comenzó a las 6.00 de la mañana, momento en el que me levanté para, tras tomar tomar un ligero desayuno, empezar el proceso de hidratación recomendado para afrontar esta distancia con las máximas garantías. A las 7.30h puse rumbo al centro y a las 8.10h ya estaba soltando mi mochila en el guardarropa situado frente a la Diosa Cibeles. El Paseo de Recoletos presentaba un aspecto formidable. 16000 runners comenzaban a tomar posiciones mientras los primeros nervios hacían acto de presencia, dada la cercanía del pistoletazo de salida. La calle se dividía en dos mitades: la mitad izquierda, ocupada por los maratonianos, y la mitad derecha, plagada de medio-fondistas y, jugando con las palabras, algún que otro fondón. Yo me dediqué a subir a trote, calentando en la medida de lo posible en el trayecto hasta la línea de Salida, situada en la Plaza de Colón. Una vez allí me situé, muy honestamente, sólo unos metros por delante del indicador de “Tiempo de carrera: 50 minutos”. Craso error.

9.00h. Comienza la carrera. La gente aplaude. 3 minutos y 10 segundos después mis zapatillas cruzan la línea de Salida. Activo mi cronómetro y miro al cielo. El helicóptero de TeleMadrid sobrevuela la Plaza, en la que el ambiente es espectacular pese a la hora. Saboreo el momento y, sólo un instante después, únicamente pienso en correr. Los nervios se habían ido. La subida de la Castellana hasta el Estadio Santiago Bernabéu se resume en una palabra: adelantar. Corrí el primer km en casi 5’30”, dedicado exclusivamente a encontrar huecos por los que poder avanzar, lo cual lastró en gran medida mi marca final. En Rafael Salgado se bifurca la carrera. Nos despedimos de los maratonianos con un sincero aplauso de ánimo y seguimos a lo nuestro. El ritmo comienza a mejorar -era difícil empeorarlo- pero no fué hasta Concha Espina, ya pasado el km 4, donde la carrera se lanzó y donde se empezó a poder correr de verdad.

Llegada a Meta

El avituallamiento del km 5, por el que pasé en 0:25:21, supuso el último pequeño parón. La bajada de la Castellana hasta el giro a la izquierda en Jorge Juan, situada en el km 8, fué verdaderamente rápida. No quedaba otro remedio si quería bajar de 50 minutos. Además, todo sea dicho, me encontraba cómodo, con fuerzas. Y apreté. El pequeño tramo de la calle Serrano fué rápido y el más solitario en lo que a público se refiere, cosa que cambiaría pocos metros después, una vez alcanzada la maravillosa Plaza de la Independencia y su Puerta de Alcalá. Fué allí, casi en el km 9, donde decidí vaciarme en busca de una buena marca. Y lo hice. El problema es que quizá fué demasiado pronto o, simplemente, no era el lugar más adecuado. La ligera subida de la calle O’Donnell se me hizo larga, muy larga, y el último km fué el que más escoció. El siguiente giro a la derecha ponía ante ti la interminable recta de Meta situada en el Paseo de coches del Retiro. Tiempo Oficial: 0:51:40. Tiempo neto: 0:48:30. Clasificación General: 1212 (5400 corredores). Puesto: 502 (de mi categoría).

El avituallamiento de Meta, perfecto. Dos Powerade en una mano, zumo y agua en la otra. No se puede pedir más. Más crítico tengo que ser con la lamentable organización del guardarropa. 45 minutos para poder recoger la mochila que, milagrosamente, seguía allí. Todo ello quedándote frío y sin poder siquiera estirar. Un desastre en toda regla. Por lo demás, una experiencia inolvidable.

Próximo objetivo: Media Maratón.