Ya son varios los meses que han pasado desde que volví de París, cinco para ser exactos, y no hay un sólo día durante estas 20 semanas en que no haya rememorado alguno de los momentos que allí pasé. Erasmus withdrawal lo llaman. La pasada en concreto fué especialmente crítica, de esas de ver fotos e incluso marcarte algún Skype más de la cuenta. Bendito Skype.

Lo cierto es que el Erasmus deja huella y como experiencia vital, desde luego, no tiene precio. Hoy leía en el blog de un amigo una lista de diferentes situaciones con las que todo aquel que esté o haya estado inmerso en una experiencia abroad se identificaría con casi total seguridad, del tipo volver de España con más comida que ropa, el ya citado uso del Skype o lo traumático de las despedidas en los aeropuertos, entre algún otro clásico. Yo desde luego me identifiqué con la mayoría. Con lo bueno y con lo malo, que también lo hay, vivir una experiencia de este estilo (llámese Erasmus, Munde o de cualquier otra manera) es poco menos que algo por lo que todo el mundo debería pasar. Y quien no lo ha hecho ha dejado de vivir algo único, eso es así.

Anyway, a las pocas semanas de llegar a París escribí una entrada sobre la dificultad de encontrar alojamiento. Me reafirmo, alquilar es desesperante y caro carísimo. No obstante recuerdo añadir a esa entrada la típica foto que descargas de google images de un ventanal con unas preciosas vistas a la Torre Eiffel y el siguiente pie de foto: “Estas son las vistas que no tendrás”. Pues bien, las tuve, y mejores. Y para muestra un botón. Ici c’est Paris.

kd

Imagen

Mis vistas desde la Avenue Duquesne