Running


París es una ciudad increíble en casi todos los sentidos. Sus calles, su ingente cantidad de monumentos, las espectaculares vistas que ofrece la orilla del Sena y sobretodo sus múltiples parques hacen de la capital francesa un paraíso para el runner, tanto para el urbanita como para el que, por el contrario, adora el tacto de la tierra bajo sus pies. Para todos ellos aquí van mis 5 rutas favoritas para correr en la ciudad de la luz:

1. Jardin du Luxembourg: En el corazón de París, orilla sur del Sena, se encuentra uno de mis lugares favoritos y mi principal destino durante el primer semestre, los Jardines de Luxemburgo. Precioso lugar para sentarse a leer un libro, pasear entre sus jardines o simplemente contemplar el Palacio de Luxemburgo, actual sede del senado francés, también es un lugar fantástico para rodar. Sus casi 2 km de perímetro permiten disfrutar de un entrenamiento idílico rodeado de multitud de runners. Principal inconveniente: especialmente durante los meses de invierno los jardines cierran pronto, por lo que se suele permitir la entrada de gente hasta no más allá de las 17h.

Champ de Mars

Champ de Mars

2. Tuileries: El Jardín de las Tullerías, junto al Museo del Louvre, ofrece un entorno incomparable para la práctica del running. Su extensión similar a la de los Jardines de Luxemburgo permite igualmente realizar rodajes controlados, pudiendo calcular con relativa facilidad los tiempos por vuelta y por lo tanto los ritmos. El paisaje, con la pirámide y fachada principal del Louvre en un lado, la Place de la Concorde en el otro y escoltado por la Rue Rivoli y la orilla del Sena con el Museé d’Orsay invitan a olvidarse del cronómetro. Principal inconveniente: suele estar atestado de turistas, lo que puede resultar incómodo en ciertas horas punta.

3. Orilla del Sena: Para mi una experiencia vital. Es corriendo por el Sena cuando verdaderamente eres consciente de lo que supone vivir en París, de que no hay ciudad en el mundo comparable en belleza. No importa a que altura del río ni a cual de las orillas te incorpores, cada metro de cada una de ellas es un regalo para la vista. Incomparable. Principal inconveniente: algunos tramos de acera son estrechos con lo que, en caso de encontrarte con pequeños grupos de gente -especialmente a la altura de Notre Dame- te ves en dificultades para pasar.

4. Bois de Boulogne: Uno de los dos grandes parques de París junto al Bois de Vincennes, el Bosque de Bolonia te ofrece algo parecido a lo que la Casa de Campo te ofrece en Madrid: un entorno verde con un gran lago y sutilmente alejado del ajetreo de la ciudad. Los casi 3 km que suponen cada vuelta al lago y la relativa tranquilidad que ofrece, sin grandes aglomeraciones, lo convierten en un lugar idóneo para la práctica del running. Principal inconveniente: dependiendo de dónde vivas y de las posibilidades que tengas para desplazarte puede encontrarse fuera de tu alcance por su situación un tanto periférica.

5. Champ de Mars: Mi actual parque. Perfecto para tiradas medias o cortas y para la práctica de series por sus grandes rectas, el Parque de los Campos de Marte o simplemente Champ de Mars es famoso principalmente por albergar la Torre Eiffel. Sus aproximadamente 2 km de perímetro -desde la École Militaire a la base de la Torre, en un trazado rectangular- lo convierten en un lugar perfecto para los entrenamientos de velocidad, completando cada vuelta en aproximadamente 10 minutos dependiendo evidentemente del ritmo. Principal inconveniente: suelen acumularse turistas en el extremo situado en la base de la Torre Eiffel.

Hace algo más de un año cerré el post referente a mis primeros 10K fijándome como objetivo completar una media maratón. Pues bien, el pasado 1 de Abril cumplí mi segundo gran reto como runner, el Medio Maratón Asics Villa de Madrid. El escenario no cambiaba respecto a mi estreno, las despejadas y soleadas calles de Madrid, si bien obviamente el trazado era más exigente.

Medalla entregada a los participantes

Pero rebobinemos unos meses. Compré el dorsal allá por Diciembre, poco después de hacerme con el de la San Silvestre Vallecana, por lo que me comí las 6 primeras uvas con las piernas cargadas tras los discretos 48’48” de la gran clásica madrileña y las 6 segundas ya con la mente puesta en hacer una buena media, en romper la barrera de las 2 horas.

Tras la clásica primera semana del año, que se pierde entre roscones y regalos, comencé un plan de entrenamiento no excesivamente duro pero que requería de una de las cosas más difíciles de lograr: constancia. Y he de decir que me costó pero que, con excepciones, lo cumplí con bastante dignidad. Aumenté kilometrajes progresivamente empezando el primer mes y medio con 40 km semanales y acabando la segunda y tercera semana de Marzo con unos 60 aproximadamente. En total unos 350 km en algo más de 2 meses y medio, alternando rodajes cortos -10K- con tiradas más largas -18K-. La última semana, para conservar las tradiciones, dudas y molestias de última hora que hicieron obligado el por otra parte necesario descanso.

Y llegó el día de la carrera. Dorsal 9799. En cuestión de un año había pasado de sufrir para completar un 10K a encontrarme ante el reto de una media maratón. Había entrenado duro y tenía ganas de correr, de encontrar mis límites y tratar de superarlos. Estaba motivado y con el objetivo de pulverizar esas 2 horas, esos 120 largos minutos, entre ceja y ceja.

Con mi tío minutos antes del pistoletazo de salida

Tanto el arco de Salida como el de Meta, como en la mayoría de carreras populares de Madrid, estaban situados en el Parque del Retiro cuya recta final, de unos 700 metros, se hace interminable cuando llevas 20km en las piernas. Pero vayamos por partes. El trazado tenía dos tramos particularmente duros. El primero de ellos podríamos delimitarlo entre el comienzo de la calle Santa Engracia y Mateo Inurria, aunque por estar aún dentro del primer 10K lo solventas con relativa frescura. De hecho pasé por el arco de los 10 en poco más de 50′, un muy buen tiempo teniendo en cuenta que mi mejor marca en 10K son 47’30” y que en este otro caso aún tienes más de la mitad de la carrera por delante. El tramo Ppe de Vergara-Serrano-Diego de León-Ppe de Vergara hasta el inicio de Menéndez Pelayo se hizo muy llevadero, bien porque en su mayoría picaba hacia abajo, bien porque el público empezaba a hacerse notar. Llegué al km 16 con mucha solvencia y sintiéndome cómodo pero a lo largo del 17 y en especial pasado el 18 apareció el famoso “tío del mazo” que diría el gran Perico Delgado conviertiendo en un infierno los ya de por sí duros últimos 3km de carrera, el segundo de los tramos, compuesto por Alfonso XII-O’Donell más los 700 metros finales que iniciaban este párrafo. Esos 3000m -terreno desconocido para mi puesto que nunca había rodado distancias superiores a 18km- me impidieron probablemente haber firmado una marca de escándalo para ser mi estreno en la distancia. No obstante crucé la Meta en 1h 44′ 53”, cumpliendo con creces el objetivo de las 2 horas.

Esos últimos kilómetros me hicieron ver que en el running como en la vida, hasta el rabo todo es toro, por lo que hay que gestionar muy bien los esfuerzos, más si cabe en carreras de esta magnitud. Pero por encima de todo los últimos minutos de carrera, especialmente cargados de sufrimiento, pusieron ante mi la grandeza que debe sentirse al acabar un Maratón. Esa grandeza, intuyo, no cabría en un post.

0:48:30. Estas tres cifras representan mi primera marca oficial como runner, lograda el pasado 17 de Abril en los 10K de Madrid, prueba oficial de la Federación Española de Atletismo. Esta carrera supone la primera de la que espero sea una larga lista en un futuro no muy lejano. Desde que me picó el gusanillo del running tenía en mente vivir una experiencia de este tipo y en cuanto vi la posibilidad de estrenarme en un escenario como es el Maratón de Madrid y su hermano pequeño, los 10K, no lo dudé un sólo instante.

Diploma Oficial

El día comenzó a las 6.00 de la mañana, momento en el que me levanté para, tras tomar tomar un ligero desayuno, empezar el proceso de hidratación recomendado para afrontar esta distancia con las máximas garantías. A las 7.30h puse rumbo al centro y a las 8.10h ya estaba soltando mi mochila en el guardarropa situado frente a la Diosa Cibeles. El Paseo de Recoletos presentaba un aspecto formidable. 16000 runners comenzaban a tomar posiciones mientras los primeros nervios hacían acto de presencia, dada la cercanía del pistoletazo de salida. La calle se dividía en dos mitades: la mitad izquierda, ocupada por los maratonianos, y la mitad derecha, plagada de medio-fondistas y, jugando con las palabras, algún que otro fondón. Yo me dediqué a subir a trote, calentando en la medida de lo posible en el trayecto hasta la línea de Salida, situada en la Plaza de Colón. Una vez allí me situé, muy honestamente, sólo unos metros por delante del indicador de “Tiempo de carrera: 50 minutos”. Craso error.

9.00h. Comienza la carrera. La gente aplaude. 3 minutos y 10 segundos después mis zapatillas cruzan la línea de Salida. Activo mi cronómetro y miro al cielo. El helicóptero de TeleMadrid sobrevuela la Plaza, en la que el ambiente es espectacular pese a la hora. Saboreo el momento y, sólo un instante después, únicamente pienso en correr. Los nervios se habían ido. La subida de la Castellana hasta el Estadio Santiago Bernabéu se resume en una palabra: adelantar. Corrí el primer km en casi 5’30”, dedicado exclusivamente a encontrar huecos por los que poder avanzar, lo cual lastró en gran medida mi marca final. En Rafael Salgado se bifurca la carrera. Nos despedimos de los maratonianos con un sincero aplauso de ánimo y seguimos a lo nuestro. El ritmo comienza a mejorar -era difícil empeorarlo- pero no fué hasta Concha Espina, ya pasado el km 4, donde la carrera se lanzó y donde se empezó a poder correr de verdad.

Llegada a Meta

El avituallamiento del km 5, por el que pasé en 0:25:21, supuso el último pequeño parón. La bajada de la Castellana hasta el giro a la izquierda en Jorge Juan, situada en el km 8, fué verdaderamente rápida. No quedaba otro remedio si quería bajar de 50 minutos. Además, todo sea dicho, me encontraba cómodo, con fuerzas. Y apreté. El pequeño tramo de la calle Serrano fué rápido y el más solitario en lo que a público se refiere, cosa que cambiaría pocos metros después, una vez alcanzada la maravillosa Plaza de la Independencia y su Puerta de Alcalá. Fué allí, casi en el km 9, donde decidí vaciarme en busca de una buena marca. Y lo hice. El problema es que quizá fué demasiado pronto o, simplemente, no era el lugar más adecuado. La ligera subida de la calle O’Donnell se me hizo larga, muy larga, y el último km fué el que más escoció. El siguiente giro a la derecha ponía ante ti la interminable recta de Meta situada en el Paseo de coches del Retiro. Tiempo Oficial: 0:51:40. Tiempo neto: 0:48:30. Clasificación General: 1212 (5400 corredores). Puesto: 502 (de mi categoría).

El avituallamiento de Meta, perfecto. Dos Powerade en una mano, zumo y agua en la otra. No se puede pedir más. Más crítico tengo que ser con la lamentable organización del guardarropa. 45 minutos para poder recoger la mochila que, milagrosamente, seguía allí. Todo ello quedándote frío y sin poder siquiera estirar. Un desastre en toda regla. Por lo demás, una experiencia inolvidable.

Próximo objetivo: Media Maratón.