Ya son varios los meses que han pasado desde que volví de París, cinco para ser exactos, y no hay un sólo día durante estas 20 semanas en que no haya rememorado alguno de los momentos que allí pasé. Erasmus withdrawal lo llaman. La pasada en concreto fué especialmente crítica, de esas de ver fotos e incluso marcarte algún Skype más de la cuenta. Bendito Skype.

Lo cierto es que el Erasmus deja huella y como experiencia vital, desde luego, no tiene precio. Hoy leía en el blog de un amigo una lista de diferentes situaciones con las que todo aquel que esté o haya estado inmerso en una experiencia abroad se identificaría con casi total seguridad, del tipo volver de España con más comida que ropa, el ya citado uso del Skype o lo traumático de las despedidas en los aeropuertos, entre algún otro clásico. Yo desde luego me identifiqué con la mayoría. Con lo bueno y con lo malo, que también lo hay, vivir una experiencia de este estilo (llámese Erasmus, Munde o de cualquier otra manera) es poco menos que algo por lo que todo el mundo debería pasar. Y quien no lo ha hecho ha dejado de vivir algo único, eso es así.

Anyway, a las pocas semanas de llegar a París escribí una entrada sobre la dificultad de encontrar alojamiento. Me reafirmo, alquilar es desesperante y caro carísimo. No obstante recuerdo añadir a esa entrada la típica foto que descargas de google images de un ventanal con unas preciosas vistas a la Torre Eiffel y el siguiente pie de foto: “Estas son las vistas que no tendrás”. Pues bien, las tuve, y mejores. Y para muestra un botón. Ici c’est Paris.

kd

Imagen

Mis vistas desde la Avenue Duquesne

Termina Enero y con él la primera etapa de este viaje. Atrás quedaron Rambuteau y su ya inolvidable Rue de Montmorency. Atrás quedaron Karen y Julian, Diego y Erik, Andrea, Eva y Jimena, Max y Kerstin, Javier y Mai, Anastasia y Patricia, Dany y Mark, Julia y Carina. Atrás quedaron nuestros 50 metros cuadrados y las fiestas que en ellos tuvieron lugar. Atrás quedaron Amsterdam y Alemania. Atrás quedaron el Oktoberfest y el Cannstatter Volksfest. Atrás quedaron momentos únicos e irrepetibles. El primer semestre ha volado y con él muchas de las personas que lo han hecho posible y a algunas de las cuales espero volver a ver en el futuro. Grandes amigos. Gente increíble.

Orientation day en Trocadéro

Orientation day en Trocadéro

No obstante una nueva etapa comienza. Nueva casa, nuevas clases, nuevos retos, algunos viejos amigos y ojalá muchos otros que están por llegar y que seguirán enriqueciendo una experiencia ya de por sí espectacular. No me he explayado mucho aún sobre lo que la experiencia Erasmus está significando para mi, puesto que apenas estoy en el ecuador de la misma, pero verdaderamente está siendo una etapa inolvidable en casi todos los sentidos. Sea como fuere ese es otro tema para el que ya habrá tiempo cuando todo esto haya acabado. En lo que respecta al presente, hoy ha dado comienzo un semestre ilusionante, el que espero ponga punto y final a mi vida como estudiante, al menos de momento, y sobre el que tengo grandes expectativas. Nuevos viajes, nuevas fiestas, nuevas clases, más y mejores entrenamientos, la Media Maratón de París y por encima de todo el día a día en una de las ciudades más increíbles del mundo son suficientes alicientes para afrontar esta nueva etapa con gran ilusión.

Dream big.