Desde ayer Drew Brees es el jugador mejor pagado de la NFL. El quarterback de los New Orleans Saints rubricó hace unas horas el nuevo contrato que le vincula a la franquicia de Louisiana por 5 temporadas más a razón de 100 millones de dólares -20 por cada una de ellas- de los cuales 60 están garantizados. Brees se sitúa de este modo en el primer lugar de un ranking que hasta ahora encabezaba Peyton Manning y sus 96 millones por 5 temporadas con los Broncos.

Drew Brees

El de Austin firma así el contrato de su vida tras una temporada en la que ha roto un record que llevaba 27 años en poder de Dan Marino, el de mayor número de yardas de pase en una sóla temporada, 5.084, cifra que logró en el décimoquinto partido de la temporada contra los Atlanta Falcons en el Mercedes-Benz Superdome de New Orleans. Brees, que logró alzarse con el Vince Lombardi en la Super Bowl de 2010 y que hace sólo 6 años sufría una importante operación en su hombro, ha declarado a sus 33 años sentirse de nuevo “como un niño”, afirmando que podría seguir haciendo esto (jugar al football) durante “20 años más”.

Yo personalmente siento debilidad por este jugador. Con la incógnita del estado de salud de Peyton considero que es junto con Brady el mejor pasador de la liga y sin dudar le incluiría entre los mejores de la historia, a la altura de Marino, Montana o Favre entre otros (insisto, como pasador). Dicho lo cual se me antoja difícil, aunque desde luego no imposible, que estos Saints perdidos en problemas internos y tras el reciente escándalo de las primas y la sanción a Sean Payton y Joe Vitt puedan siquiera alcanzar la final de Conferencia. Para ello necesitarán la mejor versión de un ultramotivado Brees y una buena dosis de suerte.

Brees nació en Austin, Texas. Jugó para la Universidad de Purdue y fué seleccionado en el Draft de 2001 por los San Diego Chargers, en los que militó hasta la temporada 2005. En 2006 fué traspasado a los Saints. Ha sido 6 veces Pro-Bowl y campeón y MVP de la Super Bowl XLIV en el Sun Life Stadium de Miami, Florida.

Se acabó la espera. Apenas dos semanas después de poner punto y final a 14 años como QB de los Colts, Peyton Manning se convirtió ayer en nuevo jugador de los Denver Broncos. Durante 13 largos días al mayor de los Manning le han salido innumerables novias y los rumores le han situado en los Dolphins, los Jets, los Cardinals, los Titans e incluso los 49ers para finalmente acabar en la franquicia de Colorado. Los esfuerzos de John Elway han dado sus frutos, aunque su apuesta por Manning no carece de riesgo. El verdadero estado de forma de Peyton sigue siendo una incógnita y un contrato de 5 años a razón de $96 millones no es precisamente moco de pavo, si bien los Broncos se han cubierto las espaldas. Como informa Mariano Tovar en su blog Zona Roja, el jugador pasará cada año una revisión médica previa a la entrega de una nueva cantidad garantizada, recibiendo 18, 20, 20, 19 y 19 millones de dólares en cada una de las 5 temporadas que abarca el contrato.

Manning posando con su nueva camiseta

Lo que no deja lugar a la duda es que su llegada a Denver abre un debate que desatará ríos de tinta de aquí al incio de la temporada regular: ¿pasan los Broncos automáticamente a ser candidatos a levantar el Vince Lombardi? Desde luego parece indiscutible que si el de New Orleans está sano su repercusión será inmediata. La cuestión es más si esa repercusión les sitúa como claros aspirantes al anillo. En su primera rueda de prensa como Bronco, Manning dejó varias frases que ocuparán lugares de privilegio en la prensa deportiva de hoy. Confesó “sentirse entusiasmado” y ante la pregunta de si podría disputar un partido este mismo Domingo contestó “sí, podría”, aclarando además que no llega a Denver para “ser el coordinador ofensivo”.

No obstante podría pensarse que, si lo de Manning sale mal, Tebow sería un sustituto de ciertas garantías. Difícilmente. El fichaje del 18 deja a Timothy con pie y medio fuera de la franquicia de Pat Bowlen, lo que nos lleva al otro de los debates: ¿Y ahora qué pasa con Tebow? Jacksonville se presenta como la opción más creíble pero al ex-Gator tampoco le faltan pretendientas. Suena para los Jets e incluso para Patriots y Packers. Quién le iba a decir al pobre Tim que se iba a ver en esta situación después de lo de la pasada temporada, después del Tebowing a Pittsburgh en el OT del Divisional Round, depués de la Tebowmania. Todo lo anterior parecía garantizarle los mandos de Denver durante 2012, pero nada más lejos de la realidad. Dijo ayer Elway que el traspaso del todavía QB de los Broncos es “una posibilidad” y confesó que “lo más difícil de todo esto es Tim Tebow, por lo que pienso acerca de Tim Tebow”. Sea como fuere parece evidente que su futuro está lejos de Mile High. Hay un nuevo jinete en Colorado.

Cuatro años después de la memorable Super Bowl XLII, New York Giants y New England Patriots volvían a verse las caras, esta vez bajo el techo del Lucas Oil Stadium de Indianapolis, hogar de los Colts. Dos largas semanas de rumores y debates desde que los Giants tomaran Candlestick Park y los Patriots hicieran lo propio en el Gillette Stadium ante los Ravens en sendas finales de Conferencia. Gronkowski, Brady, Peyton e Eli Manning, cada uno por distintos motivos, hacían correr ríos de tinta antes de la cita de anoche. ¿Jugaría el TE de New England pese a su maltrecho tobillo? ¿Es Tom Brady el mejor QB de la historia? ¿Lo sería en caso de hacerse los Pats con el Vince Lombardi? ¿Son ciertos los rumores sobre una inminente retirada del mayor de los Manning? ¿Puede considerarse a Eli un QB de elite? Muchas preguntas y muy pocas respuestas.

Eli Manning alzando el Vince Lombardi Trophy

Pero nada de eso importó cuando el balón voló por los aires.  El primer cuarto dió muestras de que los Giants iban muy en serio. Manning sólido, consiguiendo primeros downs con relativa solvencia y Hakeem Nicks y Victor Cruz haciendo de las suyas. Un touchdown de este último dejaba el marcador en 9-0 después de que, minutos antes, Brady fuera placado en su propia endzone y posteriormente sancionado por intentional grounding en su primera intervención de la noche. Insistía el 12 de los Pats en Green-Ellis, pero la secundaria de los ‘Gigantes’ cerraba todos los avances del running back. Eran las capturas de Hernandez y sobretodo de Welker las que sumaban más yardas para New England. Un field goal al comienzo del segundo cuarto acortaba distancias para los de Boston que sin embargo seguían sufriendo en ataque gracias en gran medida al gran partido de Pierre-Paul. Jacobs y Bradshaw empezaban a cobrar más protagonismo en el juego de los neoyorkinos pero seguían siendo Nicks y sus capturas los protagonistas del ataque. Fué en ese momento cuando Brady, reivindicando su papel de estrella, conducía un magnífico drive de 96 yardas -el más largo en la historia de la Super Bowl- para poner el balón en las manos de Woodhead y llevar a su equipo al descanso uno arriba en el marcador. Los Pats habían vuelto.

Pero las malas noticias para los Giants no acababan ahí. New England disfrutaría de la primera posesión del tercer cuarto y no la desperdiciaría. Brady volvía de los vestuarios igual de enchufado que se fué y en poco más de 3 minutos servía a Aaron Hernandez su segundo pase de touchdown de la noche para poner el marcador 9-17. Ocho puntos de diferencia. Dos anotaciones. Un mundo en partidos de estas características. Lo que nadie sabía es que los Patriots no volverían a mover el marcador. Un buen retorno de Jerrel Jernigan daba el pistoletazo de salida a la escalada lenta pero precisa de los Giants. Los dos field goals de Lawrence Tynes antes del final del tercer cuarto invitaban a soñar. 15-17. Quince minutos por disputarse y todo por decidir.

Mario Manningham emulando a David Tyree

El último cuarto comienza con una estadística en pantalla: Eli Manning, 15 TD en el último cuarto en temporada regular le convierten en el mejor QB de la NFL en esta faceta. Los Giants se agarraban a este dato para ser optimistas. No necesitaban un milagro, ni mucho menos, y la cosa no empezaba mal. Blackburn interceptaba a Brady cuando aún no se había cumplido el primer minuto de juego y el balón volvía a las manos del 10 de los Giants antes de lo esperado. Victor Cruz seguía penetrando en la defensa contraria como un cuchillo en la mantequilla y comenzaba a aparecer un Mario Manningham que a la postre resultaría decisivo. No obstante los Patriots seguían enchufados y tendrían en su mano la victoria a 4 minutos para el final del partido. Brady deambulaba por la yarda 50 en 2nd&11 cuando se sacó de la chistera un espléndido pase de casi 30 yardas a Wes Welker, a quién incompresiblemente se le escapó el balón de las manos y con él gran parte de las posibilidades de New England.

Los Giants recuperaban así la posesión del balón con 3:46 por delante y la sombra de la Super Bowl XLII sobrevolando el Lucas Oil Stadium. Fué entonces cuando llegó la jugada del partido. Mario Manningham se disfrazó de David Tyree para capturar una nueva maravilla de 45 yardas salida del brazo de Eli Manning. Yarda 50. 3:38. La historia se estaba repitiendo. A partir de entonces el binomio Manning-Mannigham junto a un estelar Nicks fueron ganando yardas hasta dejar el touchdown de la victoria en manos de un Bradshaw que emuló a Plaxico Burress a falta de 57 segundos para el final del partido. Había vuelto a ocurrir. Los Patriots volvían a verse por debajo en el marcador sin apenas tiempo para reaccionar. Brady intentaría un último drive milagroso culminado con un ‘Hail Mary’ sobre la bocina que puso a medio mundo en pie, pero finalmente el balón no acabó en manos de nadie.

21-17. Los Giants, cuatro años después, habían vuelto a hacerlo. Definitivamente la historia se había repetido.

Ya está aquí. En sólo unas horas dará comienzo una nueva edición de la Super Bowl, el evento deportivo con más repercusión a nivel mundial, el espectáculo más visto, la noche más larga. Y es que hablar de Super Bowl es hacerlo de un baile de cifras mareantes. Desde los millones de espectadores que siguen la retransmisión en directo hasta los miles de millones de dólares en publicidad directamente ligados a ese hecho. Pero más allá de todo eso la Super Bowl es sinónimo de espectáculo. Ese espectáculo que cada Febrero nos arrebata algunas horas de sueño a quienes, en mayor o menor medida, amamos este deporte llamado fútbol americano. O, hablando con propiedad, simplemente football. Ese otro football tan desconocido en el viejo continente, pero con cada vez más adeptos, atraerá durante unas horas las miradas de medio mundo. El otro medio simplemente dormirá.

Super Bowl

Presentación de la edición XLIII de la Super Bowl

La cita será en el Raymond James Stadium de Tampa (Hillsborough, Florida) donde se verán las caras los Pittsburgh Steelers y la, sin duda, gran sorpresa del torneo, los Arizona Cardinals. Los ‘Acereros’ parten con un favoritismo ciertamente abrumador frente a unos Cardinals casi novatos y procedentes, además, de la con casi total seguridad conferencia más débil de las 8 que componen la NFL. Su más que discreto parcial de 9-7 en la regular season tampoco ayuda a pensar en que el milagro es posible. Pero lo es. Hagamos memoria. Bueno, no es necesario. Hace tan sólo 12 meses Eli Manning se convertía en el MVP de un partido que proclamó a los Giants de Nueva York campeones de una Super Bowl aparentemente perdida de antemano. Los Patriots que, de la mano de Brady,  llegaban a la Final haciendo historia (19-0) se dieron de bruces contra un último cuarto más histórico si cabe. Es la magia de decidir todo el campeonato a un partido: lo anterior carece de importancia. Y a eso se aferra Arizona. A eso y a su QB Kurt Warner, quién apoyándose en tres receivers de la calidad de Fitzgerald, Boldin y Breaston deberá inclinar la balanza hacia el oeste. Pittsburg, por su parte, intentará explotar su mayor valor: la probablemente mejor defensa de la liga. Eso, unido a Roethlisberger, al acierto de sus running backs Parker y Moore y a pesar del estado de forma de Hines Ward -más que discutible- debería ser suficiente para ver a los Steelers, sólo tres años después, alzar su sexto entorchado. La suerte está echada.